La elección del silencio, la rabia y la experiencia
Esta elección dejó una paradoja dolorosa. A quien se escondió, le salió bien. A quien gritó más duro, le alcanzó para crecer. Y a quien decidió dar la cara, responder y debatir sus ideas en público, le pasaron factura.
El experimento que se salió de control
Cada gobierno tiene su estilo. Hay gobiernos que administran, gobiernos que improvisan y otros - como el actual - que prefieren narrarse a sí mismos. Últimamente, Colombia vive entre el desconcierto y la metáfora involuntaria: un presidente que pretende rehacer el país a golpe de pluma mientras su propio gabinete se desbarata - o él mismo lo desbarata -, su diplomacia tambalea – o la hace tambalear–, todo al tiempo que su vida personal entra en modo misterio. Gustavo Petro ha demostrado que, cuando la realidad no le gusta o le asusta, prefiere cambiar las reglas del juego en vez de gobernar con estas y, es que, cuando la Constitución deja de ser el camino para la acción política y se convierte en escenario de exhibición, algo muy grave está pasando.